Las desnudadas

Emilia Pardo Bazán elabora en Las desnudadas un cuento de tesis en el que se plantea la existencia de la predestinación. En una época en la que el positivismo impera, Pardo Bazán trata el tema del destino a la manera del Helenismo de Epícteto o Marco Aurelio. El principio rector debe guiar por sí solo las acciones, determinar, al fin y al cabo, la libertad. El personaje en que se condensa el relato marco principal es el de Lucio Sagris, este cuenta una historia como ejemplo de los variados cauces que personas sometidas a una misma causa toman.

La relación entre el azar y la Providencia en la Naturaleza es un tema que fascina a los escritores realistas del XIX. Las figuras del Manco de Alzaur y el cura de Urdazpi dotan al metacuento del carácter dual de las Guerras Carlistas y, además, evidencian la ideología política de la autora en muchos rasgos que pudieran tomarse como resultados de la proyección del autor implícito.

Las verdaderas protagonistas son las sobrinas del cura, en ellas recaerá la acción más importante y la consecuente hipó tesis derivada de ella. Su descripción: muchachas hermosas, carlistas, y cuya madre había sido fusilada en la anterior guerra por militares liberales, contrasta con el ambiente bélico y las dota de una primera empatía ante el lector. Los malos sentimientos y las actitudes más infames se ciernen sobre ellas; su humillación pública constituye el trauma a partir del cual el relato de Lucio Sagris adquiere el tono científico adecuado. A priori parece que el modo de vida que adpotan todas es, tras el suceso, idéntico; pero, tras la interrupción a Sagris este afirma que aún no ha finalizado su relato. Una de las sobrinas muere literalmente de pena, en cambio, otra se adscribe a una Orden religiosa en Vitoria. Otra de ellas pelearía frente a las tropas liberales hasta ser herida y morir. La penúltima se daría a la prostitución en Bilbao. La quinta sobrina del cura de Urdazpi vive felizmente junto a este, entregada a las labores domésticas y con el respeto total de sus vecinos.

Epícteto comentaba metafóricamente que a cada persona le es asignada en su vida un papel del que le es imposible desligarse pero que, aun así, depende de ella completamente el cómo se desenvuelva en él. Marco Aurelio, por su parte, señalaba la inexistencia de la incapacidad natural para ser feliz: está claramente en nuestras manos toda aquella cualidad que depende de nosotros mismos. Por otro lado, aquello sobre lo cual no podemos ejercer siquiera nuestra voluntad no es susceptible de ser tomado como una desgracia, pues lo inevitable es, estoicamente, conveniente de una u otra forma.

Así es cómo, mediante la Literatura, el periodismo fue capaz, y aún actualmente lo es, de inmiscuirse en el ámbito más humano y de revisar, mediante y ante él, todo aquel error, toda contingencia psicológica que nos acerca y aleja de la felicidad y que parece, una vez más, que la ficción nos brinda, al menos, junto a la posibilidad de experimentar una breve visión de lo que podríamos ser, si no con la Verdad de por medio, de manera verosímil.

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